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Comentario de JUAN CARLOS BOTERO (Escritor, hijo menor del Maestro Botero)

Querido Jorge Mario,

Te quiero felicitar de TODO corazón. Qué gran, gran documental. Está realmente excelente. Cada parte de la vida de mi padre de esos primeros años de Medellín está tejida y reunida en un inmenso lienzo visual. Es ameno, interesante, instructivo, revelador e informativo, rico en datos, información y en tomas preciosas. Me encantó en realidad todo: la parte de los toros, María Duque, los abuelos, Mamá Flora, en fin todo. Resulta asombrosa la memoria de mi padre (eso siempre me ha deslumbrado), y también la de mi tío Juan David. Cada testimonio (el de Fausto Cabrera, las tías Botero, Belisario Betancur, los amigos de infancia) aporta luces esenciales para iluminar esa carrera desbocada por salir del anonimato y por crear una obra pictórica. Además, las imágenes que respaldan los testimonios son geniales (las recuas de mulas, la frase del cura Henao, las películas caseras de las ciudades, los pueblos y los paisajes de la época, el Bogotazo, los jerarcas de la Iglesia, Leon de Greiff, Pedro Nel, los poetas españoles, la vida de sociedad, Otto Morales, Leo Matiz, los cuadros hechos en Tolú, los dibujos y las pinturas, las comparaciones de las fotos y los cuadros, etc.), y la música complementa de manera perfecta la narración.

Lo mejor es que el documental, a mi juicio, logra a la perfección su objetivo: muestra el ambiente en el que nació mi padre, y cómo ese mundo quedó grabado en su memoria para siempre.

En fin, querido y admirado Jorge Mario, te luciste de verdad. Qué gran trabajo. Qué investigación tan completa y bien documentada. Podría durar un buen rato más, elogiando mil aspectos adicionales, pero no me alcanzan las palabras.

Te felicito de todo corazón y te mando un fuerte, fuertísimo abrazo.

 

Comentario de VICTOR GAVIRIA (Director de Cine)

Este admirable documental de Jorge Mario Álvarez resuelve por fin una pregunta que se hacen quienes ven la obra del artista Fernando Botero y observan en ella un universo inagotable de instantes, de espacios, de objetos, de personajes, de lugares: ¿existió en alguna parte este mundo que se refleja en las pinturas? La respuesta es el acopio maravilloso y afortunado de un material fotográfico y cinematográfico que el autor expone como documento de la cultura antioqueña de los años 30 y 40 hasta comienzos de los años 50, que sale Botero hacia Europa. Y cuando uno se da cuenta que este jovencísimo Botero fue expulsado de los colegios en donde estudió, y fue expulsado en general de esta limitada cultura de costumbres antioqueñas, es cuando uno se sorprende del prodigio de aquel muchacho que a los veinte años se llevó todo el pozo sensible de nuestra cultura, como “grabado a fuego en la memoria”.